lunes, 26 de mayo de 2008

La bibliotecaria olvidada


Como parte de nuestra aventura a las bibliotecas, tomamos camino hacia Santa Rosa del Peñón, en el departamento de León. Este hasta ahora es el lugar más olvidado que yo he conocido en Nicaragua.

Las calles solitarias. A nuestra llegada como a la una de la tarde, eran contadas las almas que se veían en el camino. Por supuesto el sol calentaba y dicen que aunque en los alrededores todo se inunda, la lluvia casi nunca toca las tierras de Santa Rosa del Peñón.

Por ahí encontramos un comedor público. El baño oscuro e inundado de cucharachas muertas a quien nadie pareció importarle.

Más tarde encontramos la biblioteca, lamentablemente cerrada, aunque preguntando a los vecinos logramos que nos llamaran a la bibliotecaria que ese día estaba enferma.
Y sí, por ahí vino Arlin en su bicicleta, una joven, estudiante de trabajo social quien se ha levantado los últimos cuatro años de su vida a atender la biblioteca.

Lamentablemente el número de visitas se ha reducido de siete a solamente dos o tres diarias. Quizás porque el material con el que cuenta ni siquiera llena un librero.
Arlin gana 500 córdobas mensuales. Aproximadamente 25 dólares y atiende de 8 de la mañana hasta las 5 de la tarde, con una hora de almuerzo.

El SIMAS ha apoyado a la biblioteca en los últimos tres años, sin embargo, lamentablemente poco se ve el esfuerzo y es difícil decir qué ha pasado.

La mayoría de la gente de la comunidad de Santa Rosa del Peñón se dedica al comercio. Sin embargo también hay otras actividades e intereses como el cultivo de trigo millón, frijol rojo y negro, panadería, medicina natural, ganadería, costura, yeso y buscadores de oro.

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